·

Lo que el patriarcado oprime, que el feminismo lo libere.

Lo que el patriarcado oprime, que el feminismo libere. [Salamanca, Guanajuato 31/12/19] Este es un año que marcó mi vida para siempre. Lo empecé con la carga de sentirme la…

Lo que el patriarcado oprime, que el feminismo libere.

[Salamanca, Guanajuato 31/12/19]

Este es un año que marcó mi vida para siempre. Lo empecé con la carga de sentirme la peste por haber dicho en mi antigua organización política (la Liga de Unidad Socialista donde milité por 4 años) que había sufrido un acoso sexual por parte de un compañero. Todos (sí, no había mujeres) en la organización me juzgaron, diciéndome exagerada y sensible, pero seguía ahí. En esa condición de no poderlo resolver, nos llegó la noticia de que la página de Guerrilla Comunicacional México había sufrido un ataque de phishing y que las y los casi 700 mil seguidores y el alcance de 12 millones de personas a la semana, lo habíamos perdido. Nos borraron los álbumes, y toda la historia política vertida ahí.

Ya con esa carga, un día que me iba a ir a volar papalotes, mi hermano de golpeó. Cansada de las cosas, porque desde la niñez lo hace y en la familia está normalizado, lo denuncié ante el Centro de Justicia para las Mujeres de la CDMX. Me aplicaron medidas de protección. Me costó perder a más de mitad de la familia, quiénes lo defendieron sobre todo. Mi madre me corrió de su casa (donde vivíamos él y yo), algunas de mis tías me dijeron desconsiderada, exagerada; mis primas y primos me dejaron de hablar, en síntesis, me aislaron y me hicieron sentir culpable. En el Centro de Justicia me advirtieron que el mayor índice de feminicidios se daba en la casa, a manos de familiares o parejas. Y con el examen del daño psicológico que tenía, me dijeron que mi hermano era un potencial feminicida.

Solo pocas personas me apoyaron, una de ellas fue mi nueva jefa de trabajo, el día de los golpes iba a entrar a trabajar, la fui a ver toda deshecha, y su reacción fue darme todo el apoyo posible. Me dijo que entrara cuando me sintiera mejor y pasara todo el papeleo. Otras de las personas que más me apoyaron, fue una tía y tío, que me ofrecieron uno de los cuartos que rentan para que me fuera a vivir allá. Mi familia adoptiva, con quien me fui en mi adolescencia a vivir por tanta violencia que sufría en mi casa, me fueron a ver llenas de coraje diciéndome cómo no fui a denunciar antes y diciéndome lo mucho que admiraban.

Ahora vivo sola donde mi tía. Y bueno, en esa travesía de la mudanza y dolor, en mayo, decidí hacer pública la denuncia a mi antigua organización política. Comencé a recibir ataques, que yo mentía, que siempre hubo disposición para resolver las cosas (ya había pasado un año cuatro meses), que yo tuve muchas fallas en la organización. Ya no me importó nada, hice mi salida de la organización.

En junio, me di cuenta que ya no estaba en la administración del Facebook de Madera, Periódico Clandestino, ya tenía tiempo que yo no compartía cosas porque se tornaba con una línea machista, antifeminista. Cuando platiqué con quien era el codirector, me di cuenta que nuestros rumbos habían cambiado, tachaba de liberal el feminismo, de mujeres pagadas por George Soros y tonterías de ese tipo, yo era codirectora, pero no quise pelear por la línea política. Hice pública mi salida del FB y me valió para que me llegaran los rumores de que ya tampoco estaba en el Archivo.  No le di más importancia, pues la historia es de todas y todos. Y aunque ahora se dice por ahí que yo “me robé los archivos” es mentira. Los resguardo en copia, pero la línea que teníamos sobre hacerlos o no públicos se mantiene. Lo triste es que alguien que era amigo mío y me conoció, piense que me los estoy robando.

El año siguió avanzando, en septiembre mi expareja me dejó. Luego de hablar sobre el amor libre y mi posición sobre la monogamia y la propiedad privada, decidió irse. Me llenó de insultos puesto que me vi con alguien más. Días después de su partida, mi abuelo cayó en el hospital por neumonía. Lo internaron de gravedad y tenía que estar cuidado las 24 horas. Discutí con mi familia porque no quisieron firmar la intubación en caso de crisis. El abuelo estaba cuerdo, le expliqué lo que significaba y él pedía que sí lo intubaran. Mi familia se negó, porque “ya era mucho sufrimiento”. Y luego de tanto llorar y de no poder hacer ningún cambio con los médicos porque la firma la dio alguien más, mi abuelo murió. Llegué minutos después de que había partido. Seguía tibio, lo abracé tanto como pude. Le di un beso y le hice piojito como en mis noches de guardia, le agradecí por todo y me salí llena de tristeza. En mi corazón hay un hueco desde entonces,

No conforme con el duelo, mi familia se encargó de hacer todo más difícil. Querían cremarlo y, desde sus ideas no querían hacerle velorio. Soy atea, pero respeto voluntades. Mi abuelo quería ser enterrado en su rancho y velado. Y bueno, resulta que ya hasta su tumba había cavado, a lado de su madre y padre. Fue una batalla más para hacerle velorio y llevarlo a enterrar, pero se logró.

Sí, este año es el más difícil que he tenido en mi vida. Perdí familiares y amistades. Perdí mi organización política y mi medio de comunicación. Pero gané experiencia. Y aunque no fue fácil, porque de no haber sido que leí bien a Marx y sobre feminismo en otros momentos, ahorita estaría en alguna secta religiosa. Hubo días que sentía no poder más. Hubo días que no paré de llorar. Sentí mucha soledad. Pero aún así, hoy que veo todo con tantita distancia, veo que he ganado mi libertad.

La libertad duele, porque seguimos en un sistema patriarcal y capitalista. Pero sin duda, jamás volvería a ese pasado. Ya no extraño nada ni a nadie de todo ese entramado horrible. Quiénes están conmigo son personas que valen la pena y me han apoyado, porque yo no hice nada malo, porque la culpa nunca ha sido mía (sí, como dice la canción de protesta).

Hubo cosas buenas este año, nuevas amistades, mi empleo, reforzar lazos, sobre todo: mi tranquilidad y libertad. Lo escribo ahora, porque todo esto me sirvió para replantear mi vida desde cero. Vienen nuevas cosas. Nunca volverá a ser como antes. Traigo mucho dolor por dentro, pero lo estoy convirtiendo en coraje para seguir luchando. Mi vida es una militancia en sí misma. Soy feminista, soy marxista, soy leninista, soy trotskista. Esto no cambió, esto se reforzó, así que ahora, prepárense, porque no hay nada más peligroso para el patriarcado y el capitalismo que una mujer libre.

Gracias a todas las personas que han estado conmigo. Gracias infinitas.